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miércoles, 13 de marzo de 2013

Cartas a ninguna parte

'Querido destinatario vacío cuya existencia me gustaría fuese presente en mi vida,
He cogido mi honestidad y la he tirado a través de la ventana. No he mentido, oye, eso es distinto. Lo que he hecho ha sido callarme un par de cosas que tenía que decir y me gustaría hacerlo. A veces me siento un poco como esa niña negra que quiere ser rubia de ojos azules para sentirse guapa. Otras, la gran mayoría de las veces, y más bien últimamente, me siento orgulloso de la persona en la que me estoy convirtiendo poco a poco. No es que sea perfecto ni lo vaya ser, Dios que está en la lluvia me salve de eso, pero sí que voy medianamente bien encaminado. Quizás me esté tomando mi tiempo y vaya muy poco a poco, y quizás podía intentar acelerar el paso, pero nunca he sido bueno forzándome a hacer cosas. Prefiero tomarme mi tiempo.
La otra cosa que me he callado es que te quiero un poco.

Atentamente,
El chico de las poesías.

P.S. He intentado comprarte flores, pero en la floristería me han dicho que una tal Clarissa se ha llevado las últimas flores, esas que tanto os gustan, para una fiesta que celebraba en su casa. Aún no entiendo por qué me lo ha dicho.

lunes, 24 de octubre de 2011

La puerta

Querida Maga: He de confesarte que llevo mucho tiempo enamorado de ti. No me he atrevido a decírtelo en todos estos años porque siempre he sido un cobarde y nunca he sido capaz de levantar mi voz, de hacerme oír. Es una pena. Si me dieras tiempo de amarte tanto como puedo, te sorprenderías gratamente, y te haría una mujer viva, satisfecha, incluso feliz. Pero no tengo tiempo, y no eres una mujer contenta. Vives amargamente, sin encontrar tu sitio, tu "casa" donde protegerte de los malos que te persiguen. Es una pena. Si tuviera tiempo de dibujar, de expresar todo aquello que podría ser... perdería demasiado tiempo. Porque en este tipo de situaciones, en las que sientes tantas cosas que es inexpresable, y en las que tantas tanto en hacerlo, lo mejor es no hacerlo y aprovechar el momento. Siento no haberlo hecho, perdóname por no haberme atrevido a mirarte a la cara y decirte cuántas cosas habría podido dejar atrás por ti. No sabes cuántas. Honestamente, la vida así habría sido maravillosa. Atentamente, Lysander.

jueves, 20 de octubre de 2011

Un camino que no lleva a ningún lugar, como una peli francesa.

Hola, Alma. ¿Qué tal estás? Hace tiempo que no te veo. Supongo que bien. Tú siempre estás bien. Con tus más y tus menos, tus manos y tus pedos, pero siempre estás bien. Al menos, siempre brillante, con tus ojos azul verdosos, verdes azulados, grises rojizos, rojos claros. Yo ya no me afeito. Creo que dice bastante de la época que estoy viviendo. Te echo mucho de menos. A ti más que ninguna otra persona. Es cierto: nunca me debí haber ido. No sé qué me llevó a salir de la ciudad. Creo que fuisteis todos, no fue nada, fuiste tú. No quise comprometerme contigo porque estaba demasiado atado a la ciudad y no quería seguir allí anclado, en una ciudad que representa más el pasado que el presente o el futuro. Rompí el contrato que tenía con la ciudad porque te había cogido demasiado cariño. No se por qué lo hice. Me dejé llevar, y me acabó dando miedo. Tanto miedo que escogí la soledad como vía de escape. Ha sido una decisión, ni mejor ni peor que las demás. Pero sí, desearía que estuvieras aquí. Mis sábanas están más frías desde que no estás, y más deshechas. Ya sabes, cuando duermo solo me muevo más, me pierdo más, también. Mi cama es una montaña rusa de visitas. Sí, he dicho que está fría: está fría de sentimientos, porque sexo hay bastante. Pero no significa nada. No repito con ninguna mujer desde que estuve contigo. Eso en sí no es algo malo. Lo peor es que se me cierran los ojos cuando pienso en ti y escribo por ti. Te preguntarás por qué es eso lo peor. Te cuento: me prohibí pensar en ti, y si no pienso en ti me falta algo, me siento inquieto y, entonces, no puedo dormir. ¿Qué le voy a hacer? Creo que iré a dar una vuelta con el clima este invernal que tanto me gusta. Son los "dos sopapos" de cada mañana, como el calor ourensano del verano, como el crudo invierno de aquí, del norte del muro. Para muro el que puse alrededor de mi corazón, y me preguntaba si me podrías hacer un favor viniendo, o dejándome ir. Contigo, sería más fácil volver a hacerlo añicos y recuperar a esa persona que algún día fui. ¿Te hace?