viernes, 11 de enero de 2013

Calamos hondo

Chica, lo has vuelto a hacer. Una vez más me has vuelto a encandilar. Escucho tu(s) canción(es) y me estremezco un poquito. Te prometo que esta vez solamente ha sido un poquito. Y no más de lo que ya me habías encandilado hasta ahora ("O eso creo", digo con la boca pequeña).
Ahora me desperezo ya un poco, y escribo para mí. Ya no para ti, aunque le sigo escribiendo a un alguien que cambia de identidad con el tiempo. Ese alguien no es como Dios, que siempre tiene la forma del ser que lo crea (como por ejemplo, un caballo), sino que adopta figuras y voces con tonos distintos, con una variedad de estilos que incluso a mí me fascina.

Y ahora sí, hasta mañana, o pasado, o después. Prometo volver.


jueves, 10 de enero de 2013

Primeras palabras.

Mueves los brazos. Hoy no existe mañana. Ni mañana existirá el día siguiente. Es una pérdida de tiempo y un malgasto de energía. Vuelve a sonar la canción. Tus gemelos, e incluso tu cabeza, se mueven al compás. Los tobillos, incluso, parecen recobrar algo de vida que nunca tuvieron. Llega a subir a los codos y a los hombros. ¡Por favor! ¡Si la sonrisa también está bailando! ¡Y los ojos!

Sí, últimamente se me va la cabeza de un modo distinto. Pero empezar el año siempre ha sido complicado, eso sí que no va a ser diferente.


miércoles, 2 de enero de 2013

Crítica: Saga de "Crónica del Asesino de Reyes"

""Debe ser duro ser hombre", dijo en voz baja. "Las mujeres sabemos que formamos parte del mundo. Estamos llenas de vida. Las mujeres somos la flor y el fruto. Recorremos el tiempo como parte de nuestros hijos. Pero los hombres..." Giró la cabeza y me miró; la lástima se reflejaba en sus ojos. "Vosotros sois una rama desnuda. Sabéis que cuando muráis, no dejaréis nada importante atrás."
Penthe me acarició el pecho con ternura.
"Creo que por eso estáis tan llenos de ira. Quizá no tengáis más ira que las mujeres. Quizá la ira dentro de vosotros no tenga ningún sitio adonde ir, sencillamente. Quizá esté desesperada por dejar alguna huella. Golpea el mundo. Os hace actuar con precipitación. Os hace discutir, enfureceros. Pintáis y construís y peleáis y contáis historias que son mayores que la verdad."
Dio un suspiro de satisfacción y apoyó la cabeza en mi hombro, arrimándose más a la curva de mi brazo.
"Siento tener que decirte estas cosas. Eres un buen hombre, y muy guapo. Pero no dejas de ser un hombre. Tu ira es lo único que puedes ofrecerle al mundo.""

Es un extracto del segundo libro de la saga, de la que en principio es una trilogía: Crónica del Asesino de Reyes, de Patrick Rothfuss. El primero es 'El Nombre del Viento', y el segundo, 'El Temor de un Hombre Sabio'. Saga de fantasía, muy de moda en las últimas décadas. Esta es especial, por decirlo de algún modo. Me gusta mucho, porque cambia un poco mi visión de la costumbre de sagas fantásticas a las que estoy acostumbrado. También lo es Canción de Hielo y Fuego, lo sé, y es probable que esté mejor escrita también, y que sea mucho más interesante, pero estos dos libros me han gustado especialmente. Más el segundo. Procedo al tema.

Empieza en una posada, y más allá del silencio triple, con el mayor de esos tres silencios, el del dueño de la posada, están sus ojos, que parecen pertenecer a un hombre mucho mayor que el que dirige el lugar. Tras unos capítulos, empieza a contarle a un escribano que iba en su búsqueda la historia de su vida. La vida de un hombre que había desaparecido; no había desaparecido, sin embargo, el mito. Al parecer, el muchacho pelirrojo de ojos de colores cambiantes, dependiendo de su estado anímico, es el culpable de la horrible situación en la que se encuentra el país, según declara él mismo. Relatará su historia en primera persona, incluyendo muchísimos detalles gracias a una memoria privilegiada, como la de Ted Mosby. No voy a hacer ninguna crítica negativa con respecto a la serie de TV, solamente diré que el tema de la serie me parece bueno, pero se les ha ido de las manos al tener al menos 4 temporadas. Bueno, después de este breve paréntesis, continúo para decir que su vida ha estado de percances, de momentos de mucho dolor, y que al estar narrada en primera persona, ayuda a cogerle más cariño. Además, y a diferencia de Canción de Hielo y Fuego, sabes que en el momento presente, está vivo, por lo que no va a morir a la mitad. Puede pasarlo mejor o peor, pero sigue vivo. Empezando por la muerte de su familia (artistas, todos ellos), siguiendo con su vida en la indigencia, sus ganas de aprender en esa Universidad en la que se aprende algo parecido a lo que entendemos por magia, pasa por un paréntesis por la Universidad, cuando empieza a "vivir" un poco más, y aprende algo más allá de conocimientos que se enseñan en clase.
Un personaje carismático, enternecedor, cuyo mayor problema, en mi opinión, es la obsesión que quiere parecer amor (pero que no me lo parece) por una chica. Por suerte (y por eso quizás me guste más), en el segundo, aparece mucho menos. Y aunque el final del segundo parezca un poco precipitado, pueden sacarse detallitos, perlitas que me da gusto leer, que me hacen sentir orgulloso de haber cogido alguno de estos libros:
"No hace falta que las historias sean nuevas para que las disfrutes. Hay que son como amigos de la familia. Algunas son tan fiables como el pan.
Sin embargo, una historia que no haya oído nunca es algo raro y valioso."
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""¿Cómo puede uno tener demasiado deseo de vivir, crecer y hacer?, pregunté. "Cuanto más, mejor, ¿no?"
Penthe sacudió la cabeza y se apartó el pelo con una mano.
"No. Es como la comida. Una comida te sienta bien. Dos comidas no te sientan mejor." Volvió a arrugar la frente. "No. Es como el vino. Una copa de vino te sienta bien, dos pueden sentarte mejor, pero diez..." Asintió con la cabeza, muy seria. "Con la ira pasa algo muy parecido. Si un hombre acumula demasiada, se vuelve como un veneno para él. Quiere demasiadas cosas. Lo quiere todo. Su mente se vuelve extraña, violenta.""
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"No hay hombre valiente que nunca haya caminado cien kilómetros. Si quieres saber quién eres, camina hasta que no haya nadie que sepa tu nombre. Viajar nos pone en nuestro sitio, nos enseña más que ningún maestro, es amargo como una medicina, cruel como un espejo. Un largo tramo de camino te enseñará más sobre ti mismo que cien años de silenciosa introspección."



Son, en varios momentos, lo que se puede considerar pseudofilosofía, pero guardan momentos, guardan pizcas de verdades. Son detalles alrededor de un personaje que no sabes bien por qué, pero acabas amando. He vuelto a llorar con él, y ojito con la expresión. También lo he hecho la segunda vez. O, al menos, la segunda vez sí, no recuerdo si la primera también. Pero poco importa, yo ahora estoy expectante por la tercera (y supuestamente también última) novela de la crónica. Por favor, que llegue pronto.

jueves, 27 de diciembre de 2012

El mapa está(ba) mal, aunque es verdad que yo ya sé llegar.

Las paredes, oscuras, muestran un vacío lleno de palabras por escribir. Éstas serán vacías, sin más profundidad que su propia longitud, y eso no es profundo. Son como aquellos segundos perdidos, como esos minutos antes de un examen, esos otros después de clase en los que guardas los apuntes, esa siesta después de comer. Hay que aceptar que nada ni nadie es como uno piensa, ni siquiera uno mismo. Abrazaré mi negro corazón, pondré la barriga, y me pondré a dormir, a aprovechar la noche larga y llena de terrores.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Cut me off

Una respiración fuerte acompaña a un silencio que atraviesa unas paredes con rayas verticales. Los dos focos de luz del techo están apagados, y la única iluminación proviene de un teléfono que, por no tener, no tiene ni teclas ni sueño. Rondan preguntas en forma de sueños por las cabezas de ambos soñadores, aunque solamente uno de ellos ha entregado su cuerpo al Hombre de Arena. No recuerda cuándo fue, pero intenta no pensar en ello. Está intentando escribir, no recordar. El brillo apagado de la pantallita induce al sueño. Algunas ideas se apagan tras reducir el ritmo; algunas frases se dejan inacabadas, pero no esta. Quizá

sábado, 15 de diciembre de 2012

I told ya

Escribo un poco. Sonrío. Escribo. Lloro. Escribo otro poco.
Con las bromas, la reescritura está siendo llevadera. No fácil, pero sí llevadera. He escrito, de ese primer capítulo que me he propuesto reescribir esta noche, la tercera parte, apróximadamente. Físicamente, digo. Porque de las casi 2800 palabras que ocupa la primera versión, ahora he escrito casi 1000. Porque si hablamos de lo que ocupa en la primera versión lo que he escrito hoy, ocupa la mitad, más o menos. Me gusta. O al menos, me gusta más. No como gusta un libro bueno de verdad, o una buena película de las que un amigo dice que "cambia la vida". Me gusta más mi forma de escribir de ahora que la de antes. No sé por qué, pero ocurre. Sí, lo sé, es muy probable que sepa motivos por los que estoy escribiendo mejor, lo sé, pero me cuesta admitirlo en alto. Como otras muchas cosas (je).
Lo que sí admito en alto es que estoy llevando yo el control, llevo yo el ritmo. Antes escribía según me pidieran los dedos, catalizadores de mi imperiosa necesidad de transmitir algo. Ese era el primordial y básico problema que tenía antes. Me costaba catalizar mis problemas y dudas a través de un modo que no fuera la escritura. Por suerte, he ido aprendiendo. He ido mejorando con el tiempo, que no cura, pero te mejora. Mejora porque nosotros queremos que mejore, porque tenemos cierta capacidad de autocrítica, porque tenemos cierta incapacidad que nos impide querernos plenamente. Y así voy, así escribo, así me muevo últimamente: de piedra en piedra, sonriendo de cara en cara que veo, pensando que, aunque los demás me vean como un loco, estoy intentando hacer una labor social que no me mejore a mí, sino también a los demás. Porque hace unas semanas sonreía para creerme la sinceridad de mi sonrisa. Ahora sonrío para creer en la sonrisa del mundo, para que nos haga cosquillas.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Como un animal

Me gustan las cosas nuevas nuevas. No como las cosas viejas que redescubres, cuya "novedad" dura unos breves instantes. Me gustan más porque me dan más ideas que las viejas nuevas cosas. Sí, es cierto que despiertan antiguos olores, antiguos sabores, antiguos chistes, antiguas historias, sí; pero las nuevas nuevas cosas te hacen recordar cosas viejas, permitiéndote echarle una ojeada a esas otras cosas que no entiendes, pero eres susceptible de hacerlo.
Me gustan esas novedades que te cuentan historias a diferentes ritmos, que te cuentan historias dentro de las mismas, que las dejan adivinar de manera subliminal, o que, simplemente, te las sugiere de forma directa para engañarte o desengañarte. No decir la verdad, porque las historias no tienen que contar la verdad. No, al menos, LA verdad. Sí me gusta pensar que tiene pedacitos, puntos de un mapa que, si lo sigues apropiadamente, llegarás a otro lugar más lejano. No tiene que ser mejor, pero siempre distinto, porque ya sabes lo que dicen: "O cambias, o mueres".

domingo, 9 de diciembre de 2012

Tras 'The Sandman: Volumen 6'.

Quizá me meta demasiado en lo que leo y me gusta; quizá me entrego muy rápida y fácilmente a palabras escritas. Lo que ocurre aquí y ahora mismo es que he acabado el 6º volumen de The Sandman, llamado Destino en español. Si bien no es el final, en parte lo es. Dos veces.
Desde el primer capítulo del primer volumen me metí muy de lleno, y me dio miedo desde ese mismo momento. Desde entonces no soy el mismo, desde entonces no sueño igual. Es una obra total que, sin hablar de cosas bonitas, o sentimentales, si quieres, puedes decir que es todo amor con distintas formas. O nada de eso. Si bien es cierto que muchos libros me hacen sentir orgulloso de ser humano, nada tan contemporáneo me ha hecho sentir parecido, o nada escrito, siquiera.
No pretendo decir de qué va. Ya lo he dicho más de una vez, pero puede que haya sido un error, viendo que ya no se reedita. Por suerte, yo los he empezado a comprar poco antes de que fuera imposible encontrar en las tiendas. Por eso, cuando lo tengo entre mis manos y más o menos en el centro de mi ceja, siento una joya violándome los ojos y el cuerpo de los ojos al corazón, pasando por la espalda con un miedo que me atenaza los nervios.
Muchas gracias, Neil Gaiman.

viernes, 30 de noviembre de 2012

El espacio, la cordura, la lluvia caliente y húmeda.

Un "yo te quiero sin saber por qué" de la canción me hace pensar en todas las películas de Hayao Miyazaki que he visto. Y no son pocas. O sí. Son pocas porque no son demasiadas películas, pero sí son bastante con respecto a toda su filmografía. O no. ¡Qué sé yo! Lo único que sé es que el "Sincara" es un personaje tremendo. Es muy divertido y también da algo de pena. Eso de las etiquetas le hace daño a mucha gente, como el gritar hasta perder la voz, o pensar hasta perder la razón.
Y nos hacemos mayores, o viejos, como dice Anni B Sweet (la chica tiene cierto encanto; no tanto como Zahara, pero no se le puede negar). Ahora descubrimos detalles, mapas, recovecos en la voz de la gente que nos hacen deshidratarnos por tanto llanto, agujetas en los abdominales de tanto reír. Yo últimamente no pongo filtros a la hora de dejarme llevar por las emociones. Tanto puedo una, como la otra, haciendo chistes cada vez peores, y aunque a veces pienso que me puedo llevar la luna debajo del brazo, es mentira. Como eso de que a veces parece que no pasa nada, y otras se acumula. Mentira. Muy mentira. Siempre pasa algo. Siempre. Muy siempre.
O quizá sea todo un sueño de Antonio Resines, convirtiéndose él en ese dios en el que quieren creer los idólatras.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Seda y Hierro

Estoy escuchando Antonio Vega. Hacía meses que no lo hacía. Está bien. Está bien hasta cierto punto. La referencia del blog a la que me parece su mejor canción me saca mis lados más opuestos. Si bien me hace feliz y triste, también me reconforta al mismo tiempo que me pone tenso. Quizá sea por el alma que he dejado en tantas entradas. Sólo sé que el "Progresa Adecuadamente" está ahí, junto a mí. Como una paloma y las pipas, fritanga, y derivados, o Superman y su capa, Batman y su "nanananana", Amy Winehouse y su sobredosis,... Es el concepto. Todos estamos ligados a algo. Este blog ha hablado por mí. Aún lo hace, pero poco. Es como una pareja ya establecida, como puede ser un autor y su éxito. A distintos niveles, pero "el conceto es el conceto".

viernes, 16 de noviembre de 2012

Gritaré hasta llegar a ti

Gritos despiadados en esquinas intransitadas para que nadie los describa, porque ocurría en una de esas noches que la única compañía de las aceras era la luz de las farolas. Todo lo que viniere a continuación sería una inmensa tontería, pues si no hay nadie, ¿quién lo va a describir?

sábado, 10 de noviembre de 2012

ideales Eternos

Es una idea que tendré que desarrollar en un futuro indefinido. Estoy leyendo, como uno puede saber sin mucha complicación, la saga de "The Sandman". Arrolladora desde un principio, me rompe los esquemas a cada paso, me vence y me levante, me permite ganar, y sabiendo cómo. Es menos victoria, al ser la saga la que te la 'cede' momentáneamente, pero sigue siendo victoria.
Estoy leyendo el cuarto volumen, el que en español se llama "Destrucción". La cuestión es, desde el principio, que hay siete hermanos, siete Eternos, de un modo inmortales pero que, al mismo tiempo, no lo son; simplemente son Eternos, como lo dice la palabra misma. Siete, ese número de la suerte, ese número mágico; siete personificaciones de las preocupaciones humanas: Destino, Muerte, Sueño, Deseo, Delirio, Desesperación, y Destrucción. El primero es inherente al universo; parece humano, pero es porque parecemos los únicos preocupados por él. Muerte, inherente al ser vivo. Sueño; en el sentido más estricto, no somos los únicos seres vivos en soñar mientras dormimos, pero sí parece que lo somos mientras estamos despiertos, conscientes. Los demás, excepto Destrucción, a mi modo de ver, son consecuencia de "El Sueño".
Más allá de frases innecesarias, Destrucción y Sueño me parecen los más humanos e independientes de los demás. Sí, es cierto que Sueño parece llevarse mejor con Muerte y Destino que con los demás (con sus consecuentes ideas), y que Destrucción parecía querer más a Delirio y a Desesperación (idem), y que parece que todos y nadie quieren a Deseo (con su correspondiente ironia), pero son los más humanos e independientes. Destrucción dejó su cargo, se fue de la familia, porque veía que no era necesario (y con razón), para que su trabajo se llevara a cabo. Porque seguía habiendo destrucción en el mundo, y él no tenía que hacer nada para que empezaran a moverse los hilos. Es lo que le pasa a la gente con los Sueños, ya parecen no necesitar un guía para soñar (se puede discrepar fácilmente).
Esto todo me produce varias sensaciones que en un principio parecen indomables. Con un poco de calma, parece que me hago cargo de la situación. Aún así, todavía se me escapa un poco de las manos. Lo primero, es la idea en sí, la personificación de nuestras preocupaciones, el egocentrismo ese nuestro de humanizarlos. Por otra, el sujeto de la saga. Es un tema que triunfa, que si decides hacerlo, y lo haces bien, triunfará. Lo difícil es hacerlo bien. Las ideas claras, las verdades que cuenta, que derrocha, parecen irrefutables. Yo quiero ser capaz de que se diga algo así de algo que escriba yo, aunque no sea con toda la razón del mundo, como cuando yo lo digo de 'The Sandman'. Sin embargo, está el miedo de ser demasiado humano y creerse suficientemente capaz para hacer algo así, porque también tengo miedo a fracasar.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Será mejor

Nos perdemos entre teclas, sonidos demasiado elevados para prestar atención a lo que se merece. Nuestros ojos se pierden entre curvas que quieren contar historias, o que quieren volver a contarlas.Sería ideal poder burlarse del tiempo y decir que nada es cierto, que todo importa menos que la estructura SVP en la lengua española.
Lo que será, será; pero supongamos que las suposiciones deben quedarle a los que piensen claramente y, aunque nunca estarán seguros de la seguridad de sus palabras, al menos hablarán con más claridad.
Hasta luego.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Some kind of

Hay canciones que están destinadas a ser tocadas directas al oído a través de unos auriculares, a cierta hora cuando ha caído la noche junto con el ánimo, cuando también los párpados pesan y amenazan con pisarte las mejillas. Te hacen mover los brazos, las piernas, el corazón se mueve al compás del pasado galopando hacia el presente, mientras te libra de las responsabilidades, porque vomitas a través de ese movimiento de brazos 'indie' (más por independiente del ritmo que por otra cosa) y ese movimiento de labios y lengua que mucha gente denomina cantar, pero que es inmerecido, porque mucha gente no se merece el término "cantar" para lo que hace. Esto todo, lógicamente, va por mí.
Este párrafo tan peculiar va por estas dos canciones. La primera, es mi habitual, la que suelo poner. La segunda, la que no quería escuchar, pero he de admitir que al fin he caído en sus líneas tan poco novedosas. Pero yo, en el fondo, acabo siempre en eco, repitiéndome una y otra vez en el espacio y en el tiempo.