domingo, 16 de septiembre de 2012
Mi Tierra
sábado, 15 de septiembre de 2012
Confía en mí. Nunca has soñado poder gritar.
Entonces ven, dame pedazo, no te conozco cuando dices "qué felices, qué caras más tristes".
¡Qué felices, qué caras más tristes!
jueves, 6 de septiembre de 2012
Lo que nos queda por pasar.
Es altamente probable que no estés de acuerdo con lo que he dicho, y también es, con incluso mayor probabilidad, que no haya escrito todo, no me haya explicado suficiente como para hacerme suficientemente claro, pero recordad que este es el espacio de un bloguero de mierda, y son los minutos paranoicos que me han entrado después del café.
martes, 4 de septiembre de 2012
Extractos (II)
lunes, 3 de septiembre de 2012
Un travelling algo veloz.
Prométeme que cuando nos ocurra como en la canción, cuando digas 'qué felices, qué caras más tristes', prométeme que intentaremos volver a sonreír. Como cuando pensábamos 'qué tristes, qué caras más felices'. Prométemelo.
Último trimestre de 2012.
lunes, 20 de agosto de 2012
ak7
martes, 14 de agosto de 2012
El alba tocando tras la puerta.
sábado, 11 de agosto de 2012
Twelve.
Y bien sabes que esto es sólo pseudo-filosofía barata, pero a veces me gusta creer que sé.
(¿Cuántas veces caeré en hacerme el inteligente admitiéndome mis propios errores?)
martes, 7 de agosto de 2012
Ubicación: el infierno ideal.
Mis dedos van ahora a otra velocidad, recorriendo líneas argumentales de un guión que sigue sin existir, pero que es mucho más claro. He aprendido a despegarme y acercarme, haciendo de olas de un océano de ideas, pensamientos y sentimientos que siguen igual de coherentes que hace un tiempo, dando la sensación de que no hemos cambiado (porque, en el fondo, no hemos cambiado).
Las horas de este reloj de pared que ya no existe son segundos en una bola de nieve que es la vida que, aunque no sea un río, quizás también vaya a dar al mar. Y es que sé que, aún habiéndome perdido y encontrado tantas veces, aún falta por recorrer tanto camino que lo que he mirado (y miro) atrás me va a parecer irrisorio, si no me lo parece ya. Y lo mejor es que no hay peores cosas, ni mejores; somos tan subjetivos que no existe la objetividad,que no existe ni el 'yo', ni el 'vosotros', ni el 'ellos'; ya somos todos algo tan ajeno a nosotros mismos que nunca sabremos bien qué somos. No lo sabremos hasta que el destino nos alcance, hasta que la muerte nos separe y junte, de una vez por todas.
sábado, 4 de agosto de 2012
The Sandman, Volumen II: Deseo
Al reconocerlo, reconocía también que no era difícil encontrar finales felices: "Solo hay que encontrar", le explicó a Abril, "un lugar donde descansar, abandonar la lectura y darse por satisfecho".
Extracto de 'El hombre que fue Octubre', de G.K. Chesterton. Biblioteca de los sueños.'
domingo, 29 de julio de 2012
miércoles, 11 de julio de 2012
No iva a, no iva a...
Haberse perdido en un lugar conocido es mucho más terrible que no saber dónde estás. El miedo te corroe las venas corrompiéndote el corazón y la mente, dejando sólo un hueco para la imaginación, ese bien tan preciado y escaso que, en momentos así, solamente te pide huir; huir hacia algún otro lugar, porque este 'hogar' ya no es tal, tus amigos lo son demasiado y te quieren aquí, y tus padres te quieren demasiado como para mantenerte a su lado. Supongamos, entonces, que es hora de marchar.
Robin Hood - Amaral (Coruña, 30-06-12)
Ver "Amaral - Robin Hood (A Coru�a, 30-06-12)" en YouTube
Si lo hubiera dejado, hubiera reventado la caja fuerte de un banco...
jueves, 14 de junio de 2012
Ha muerto el amor.
Las piedras se mueven y no puedo respirar. El agobio me oprime los hombros y me deja un vacío en el estómago que no se puede llenar. Me llevo conmigo mi venda para cubrirme los ojos, porque no quiero ver lo que está a punto de pasar. Tampoco quiero que los demás me vean llorar.
Vomito pensamientos en forma de frases gramaticalmente incorrectas que no sirven para más que dar una sensación de inconsistencia y malestar propias de una época así. Las pérdidas de conciencia acompañan a un gran desarraigo de la persona con respecto a la sociedad. No es más fuerte, sin embargo, que el dolor por la existencia en sí de esa sensación, y tampoco es mayor que el sentimiento de que es necesario cambiar las cosas.